UN GRAN SEDUCTOR

Jesús Montes renueva su compromiso estival al abrir, una vez más, las puertas de su casa baztanesa y compartir una magnífica exposición pictórica. En ella, flores irisadas playas luminosas, campos abiertos y hermosas calles parisinas transmiten, ante todo, un deseo de vida gozosa, de belleza optimista y de energía vital.

 

La muestra seleccionada para este año 2025 presta una especial importancia a la naturaleza. La casa de Zigaurre se adorna con prados de trigo verde y amarillos de colza, a los que se suman los naranjas, los violetas o los azules de flores que aparecen por doquier: ordenadas en jardines, agrestes en los campos o recogidas en cuidados bodegones, donde conforman complejas composiciones sobre jarrones blancos y rústicos cestos de mimbre.

 

Las paredes de Karakoetxea se adornan así con un rutilante ramillete de vivos colores. Las imágenes, descaradamente atractivas, conforman un conjunto irresistible, una verdadera tentación para los visitantes que no sabrán bien en donde posar sus ojos, porque son tantas y tan poderosas las sugerencias visuales que tendrán el peligro de ir de un cuadro a otro, de una estancia a otra, hasta quedar atrapados como minotauros en el laberinto. Es entonces cuando vemos otra cara de Jesús Montes, la de un hábil seductor, la de un burlador que busca atraparnos y cautivarnos con el encanto de su pintura.

 

Y así, seducidos por la belleza de sus paisajes y sus playas, este Tenorio del pincel, nos invitará entonces a la intimidad de su estudio, a su espacio más personal, que este año, tal vez ayudado por Frestón, el sabio que tanto engañó a Don Quijote, se ha transmutado en una buhardilla de París. En sus paredes se muestra una magnífica selección de escenas urbanas, calles lluviosas, interiores luminosos, bulliciosos cafés, los puentes del Sena, las calles de le Marais, el encanto de la place Clichy, … Todas las escenas de una ciudad romántica y chic, componen entonces un espacio mágico donde el pintor termina por desplegar sus propuestas ante el visitante que, inevitablemente, queda atrapado por la brillantez de su arte.

 

Una vez más, Jesús Montes ha logrado desplegar una exposición a todas luces irresistible. Su pintura vibra con fuerza y emoción, el cromatismo es intenso y variado, y las pinceladas se multiplican de manera enérgica, dando lugar a ritmos visuales llamativos, dinámicos pero armónicos, junto a contrastes lumínicos bien controlados. Sin duda la exposición de este año es excelente; una exhibición de oficio y pasión, combinados con una poderosa capacidad de sugestión. En definitiva, una verdadera tentación, propia no solo de un gran pintor sino también, no cabe duda, propia de un gran seductor.

 

Pedro Luis Lozano Uriz
Crítico de arte